el zoom emocional

A veces nos hace falta pasar mucho tiempo para entender (a nivel racional) algo que estamos haciendo a nivel físico (voluntad, cuerpo, rutina).

A veces pasa mucho tiempo hasta que sentimos en lo más hondo de nuestro ser qué y por qué hacemos algo. Tal vez nos lleva una vida indagar para qué lo hacemos.

En estas dos primeras frases hay una trampa, la trampa del orden.

Hubo un tiempo en mi segunda vida en la que el movimiento era de arriba hacia abajo. Primero pensaba y luego intentaba hacer. Es un movimiento que hoy describo como jesuíta, porque los jesuitas lo promueven, en el ejercicio de traer el cielo a la tierra.

En esa segunda vida , en la que me descalabré, a día de hoy reconozco que el ejercicio fue muy interesante y el resultado de siniestro total, el movimiento era ése, del pensar al hacer, desconectando la emoción, ahora lo entiendo. Mi cabeza lo entendía y mi cuerpo hacía.

Ha pasado un tiempo, y observo en mi tercera vida que el camino que llevo es totalmente el contrario, primero hago, y como soy persona de acción no me aburro al hacer, hago, hago, y vuelvo a hacer, hasta que en un momento, ahí surge la magia,  surge una emoción, es un movimiento que se parece a pensar pero es calientito, se junta con el cariño de lo vivido, y siento que algo de lo que estoy haciendo tiene un sentido especial.

Así nace en su día el cuentacuentos de oé corazón, en un proceso del hacer, al sentir, y al pensar.

en el zoom emocional reconocemos nuestro mundo emocional, ese punto ciego de la sociedad actual, pensar y hacer des-conectado de la emoción, ¿quién nos ha dicho que podemos vivir privados de nuestro rico y precioso mundo emocional?, y contactamos con esos eventos significativos de nuestra vida, con nuestros proyectos e ilusiones, con otros seres que nos rodean y con los que nos relacionamos,

y re-conectamos con nuestra compasión,

con la energía que nos mueve, con nuestras emociones y pasiones, con todo aquello que nos aporta energía en nuestro cotidiano vivir.