un mundo lleno de “causualidades”

Hay dos formas de vivir la vida, la primera es como si los milagros no existieran, como si nada fuera un milagro; la segunda es vivir la vida como si todo lo fuera.

Albert Einstein

Tomamos esta frase, que internet atribuye al famoso hombre de ciencia alemán, para conectar con el concepto de la “causualidad”, una forma diferente de describir la palabra milagro, cuando aceptamos la segunda opción de vida, y vivimos la vida como si todo fuera un milagro.

Una “causualidad” es una casualidad que nos está esperando en el camino.

Estamos pensando en escribir sobre un tema y alguien nos envía un correo, o un WhatsApp, alguien nos llama por teléfono y nos recuerda algo que tenemos que hacer, un pendiente, ordenamos un armario y aparece una bolsa con un texto impreso, ordenamos una carpeta vieja y encontramos una guía.

Es como si el universo conspirara para que algo que nos está rondando la cabeza tomara forma, y nuestro pensamiento encontrara un cauce de acción, puedo escribir sobre esto con este enfoque, puedo tomar esta acción teniendo en cuenta esta particularidad, que hace toda la diferencia, puedo hablar de este tema insertando este video de Maturana, o de Claudio Naranjo, o este corte de Juego de Tronos.

Eso sí, que la “causualidad” me esté esperando, y que se haga patente delante mío, no tiene nada que ver con mi actitud y mi capacidad de reconocerla como un milagro, milagro que bien puedo dejar a un lado, aferrándome a mi mente racional que me estructura y organiza.

En resumidas cuentas, una “causualidad” es una casualidad que nos está esperando, y está relacionada con esa mirada limpia de nuestro niño interior, que todavía no está resabiado, y que mira el mundo con curiosidad, y se encuentra en cada curva del camino con algo que le asombra, y de lo que se maravilla.

Esta curiosidad y este asombro, propios de nuestro niño interior, están relacionados con la mente abierta (Open Mind) que promueve Otto Scharmer desde la Teoría U, así como de la voluntad abierta (Open Will), un tercer movimiento que implica que mi obra no sigue a mi voluntad pequeña, al dictado de mi ego, que todo lo cuadricula y lo organiza,

hay algo más grande que yo, que me rodea y me acompaña, sutil pero reconocible, a lo que me abandono, en un ejercicio de fluidez,

en el que dejo ir lo viejo para que lo nuevo pueda hacerse presente.